martes, 25 de diciembre de 2018

Un mundo (aparentemente) feliz

He dicho más de una vez que ''todo tiempo pasado fue mejor'' es tan solo una popular falacia. Si bien nos queda mucho, pero muchísimo, que mejorar, se puede decir alto y claro que en lo últimos 60 años nuestras sociedades se han vuelto mucho más tolerantes, inclusivas e igualitarias.
Así que no, no todo tiempo pasado fue mejor. Al menos no en todos los aspectos. Pero si hay uno en el que parece que llevamos más de medio siglo de regresión.

Cualquiera pensaría que en la época en nuestro país en la que la educación básica nunca fue tan accesible como hoy día, en el que conectarse nunca fue tan fácil gracias a las redes sociales, o en el que la información es fácil de encontrar y la libertad de expresión es más o menos una ley vigente, las nuevas generaciones de jóvenes españoles deberían ser una auténtica élite dentro de la ciudadanía nunca vista hasta ahora. ¿Por qué no miramos entonces los resultados?

Resultado de imagen de depresion en jovenes españoles

Oh sí, se me olvidaba responder a mi propia pregunta: los resultados dicen que 1 de cada 5 jóvenes españoles experimenta una serie de síntomas que les cualifican para que les diagnostiquen depresión clínica. Y por clínica me refiero a la depresión de verdad, la que se medica, no a momentitos de bajón puntuales. Y eso no es todo: este estudio se hizo mayormente entre jóvenes universitarios , no en gente más joven o poco más mayor. Y según el mismo estudio, del 20% de jóvenes con depresión que existen de acorde a estos datos, solo la mitad está formalmente diagnosticado. Es fácil y tentador ignorar el problema diciendo, como he oído a muchos adultos soltar en mi cara más de una vez, que lo único que ocurre es que ahora ''somos unos flojos''.

Por mi parte, me gustaría señalar que en mi humilde opinión, puede que el problema sea otro mucho más grave. Y ese problema, como he dicho antes, es que es el resultado de 60 años de declive cultural. Específicamente, un declive en la manera en la que los jóvenes de cada generación afrontan y ven la vida.

Verán, ya hace tiempo que las empresas que controlan los ambientes más centrales de la vida de un joven, como la música, la televisión, las redes sociales y la industria cinematográfica, se dieron cuenta de que una sociedad pragmática, educada, informada y pensante está muy bien y todo lo que queramos, pero solo tiene un problema: no es tan fácil ni tan sencillo ganar dinero a su costa. No consumen cualquier tontería. Pensaron que cuando alguien es reflexivo, cuando alguien piensa las cosas, ese alguien puede tener momentos bajos, tristes, o momentos en los que se da cuenta de que hay aspectos de su sociedad que no están bien, y que el status quo quizá no debería de seguir siendo el status quo. Y  pasa y resulta que eso nunca es bueno para las ventas. Si la ética empresarial del siglo XXI fuera realmente, no sé, ÉTICA, decidirían que vale más esforzarse en que los productos que se ofrecen sean decentes, y tener una sociedad más educada y selectiva a cambio, que tener una panda de ovejas adormiladas que se tragarán lo que sea que se les ponga delante y así conseguir cerrar el año fiscal con más ganancias. Pero no vivimos en ese mundo, desafortunadamente.

Fue así como lenta pero inexorablemente se dispusieron a ir simplificando todos los aspectos de la cultura que consumían las generaciones más jóvenes de cada década. Vaciaron de riqueza cualquier manifestación artística que las masas consumían. ¿Complejidad emocional? Bah. ¿Momentos difíciles y complejos que se presentan en la vida? No, muchas gracias. ¿Responsabilidades? Si no las reconozco, no existen. ¿Objetivos y sueños en la vida? Ser feliz 24 horas, 7 días a la semana. ¿Cómo? Si la mayoría te es sincero con lo que piensan, te dirán que lo harán saliendo mucho de fiesta, follando más que Mick Jagger el sábado por la noche y no pensando en las consecuencias de lo que pueda pasar. ¡Fuera malos pensamientos, sean o no preocupaciones razonables!. No es que diga que salir de fiesta o el calor humano sean malos o innecesarios, ¿pero son exclusivamente lo que te va a llevar a ser feliz? ¿No hay espacio para sueños ambiciosos, proyectos de comunidad o aspiraciones a destacar en una disciplina? No, porque el objetivo es estar en un estado de sedación, en el cual el mundo se percibe en un pequeño círculo superficial alrededor de uno mismo. El objetivo es que todo te dé igual mientras tú puedas ignorar todo lo que hace daño.

Así es cómo pasamos de querer volar hasta la luna con Sinatra, a decir que nos gustaban grandes, que no nos entraran en la boca, con Becky G. Así es cómo pasamos de tener películas profundas durante el año, y películas simplonas de superhéroes y robots repartiendo tundas en verano, a que todo el año sea un festival de superhéroes facilillos de entender, en el que ''el bien y el mal'' están totalmente definidos los 365 días del año. Y así es como los libros leídos por la juventud, aunque solo fuera de vez en cuando, dejaron de ser Ayn Rand, Stephen King y pensadores como Sartre, para pasar a ser dramas juveniles y adolescentes una, y otra, y otra vez, 24/7. Todo tiene que ver con lo que YO quiero, lo que a mí me pasa, y siempre por supuesto analizado desde el punto de vista en el cual todo en esta vida es blanco o negro.

En un paréntesis mucho más oscuro, el otro día vi un segmento en el fantástico programa ''Real Time'' de Bill Maher en HBO, en el cual comentaba lo que tienen en común la inmensa mayoría de chicos que cogen armas y protagonizan masacres en las escuelas de su país, los Estados Unidos: todos estaban frustrados sexualmente, e incluso lo ponían en sus manifiestos señalándolo como una importantísima parte a tener en cuenta a la hora de tomar la decisión de convertirse en asesinos. Estos chicos eran claramente enfermos mentales. La frustración sexual no convierte a cualquiera en un asesino. Y por supuesto tampoco estoy diciendo que la vida sexual de una persona no sea una parte importante del desarrollo de cada uno, pero, ¿es algo tan, tan importante y central en la existencia de un ser humano que no tener sexo las mismas veces que Julio Iglesias te convierte en un fracasado?
Bueno, en una sociedad madura, no, pero como Bill Maher dijo, es difícil explicar eso a un/una joven estadounidense, los cuales viven en una sociedad en la cual ''parece que todo el mundo tiene sexo siempre a todas horas'' y eso los convierte en absolutos triunfadores. Eso, como mucho, debería ser una fase, no la fuerza primaria que guía a todo ''pilar de la comunidad''.

Resultado de imagen de bill maher sexual frustration in school shooters

En resumen, ¿cómo no va a haber jóvenes deprimidos si intentan, como es natural, ser adultos en un mundo perpetuamente construido para niños? Y si tan pocos reconocen estarlo, es porque cuando se atraviesa un momento difícil y complejo, te conviertes en un lastre para una sociedad que está en una búsqueda frenética de la felicidad absoluta evitando precisamente situaciones y pensamientos como los tuyos. Lo triste es que no solo ocurre que los productos y estilo de vida que nos proporcionan y dicen que nos harán muy felices no funcionan, sino que la idea de felicidad que nos han vendido no existe. Un sistema montado para que busques en un estilo de vida consumista un producto que ni siquiera es real, pero que crees que necesitas. Estar triste de vez en cuando, pensar en el futuro, preocuparse por problemas y pensar en las consecuencias de nuestros actos son esenciales para sentirnos completos.

Así que para conseguir tener vidas satisfactorias y completas, ¿por qué no empezamos a madurar colectivamente y a convertirnos en personas completas de nuevo?




domingo, 16 de diciembre de 2018

Ignorantes de nuestra ignorancia

¿Han oído alguna vez la frase ''tener un gobierno igual de bueno que el pueblo? Yo sí, más de una vez, y en muchas formas y variantes. ''España es fantástica, los que son pésimos son sus gobernantes''. Un gran ejemplo de que el que no se consuela es porque no quiere. Es una frase comodín, ya que sirve para cerrar cualquier conversación acerca de los defectos de nuestro país dejando a todo el mundo con una sensación de complacencia maravillosa.

La primera vez que la oí a mí también me dejó sintiéndome tranquilo, pero por desgracia siempre he sido increíblemente escéptico. Me sonaba extraño que pudiera ser tan sencillo, que los problemas que veía con mi país y a mi alrededor realmente no merecía mi estrés e indignación. No era problema de la gente, sino de tan solo un par de cientos de gobernantes. Pero, ¿no éramos nosotros los que los poníamos ahí? Tenía que mirar algunos datos, y de los 11 estudios que encontré hablando de ciertos aspectos de los españoles que me interesaban para ésto, me sobraron 7.

Resultado de imagen de congreso de los diputados

El 46% de la población española no sabía mencionar un solo científico relevante. ¿En serio? ¿Ni siquiera Darwin, Newton, Marie Curie... Einstein? Pues no. De hecho tan solo entre el 5% y el 2,5% nombraron a Ramón y Cajal y Severo Ochoa, respectivamente, los dos premios Nobel nacionales en fisiología. Esto no es ninguna tontería superficial. Si la mitad de nosotros no puede ni nombrar un intelectual relevante en la biología, la física o la química, por ejemplo, ¿qué dice eso de la educación científica de los españoles?

En la parte del informe PISA (que evaluaba los conocimientos de los jóvenes) que trata competencias como saber interpretar una factura u otros documentos financieros, los españoles suspenden. De hecho, cosas tan básicas como saber en un escenario ficticio propuesto en el examen si les saldría más barato comprar unos tomates en caja o a granel, un 24,7% no pasa esa prueba, lo cual es un aumento desde la última vez, ya que en el informe PISA de tres años antes de ese, el número de alumnos que no pasaban esas competencias básicas era de 16,5%

En un estudio del CIS en 2015, un 49,1% de inmigrantes con residencia en España dicen haber sido víctimas de actitudes racistas que les perjudicaron seriamente. En ese mismo estudio, las cifras parecen coincidir, ya que un 62% de españoles contestaron a la encuesta que había demasiados inmigrantes en España, y un 29,6% consideraba la inmigración en general, legal o ilegal, como perjudicial. Esta gente por lo visto, aparte de ser prejuiciosa, ignora que la población inmigrante censada en España en 2010 era de casi 5.750.000 personas, y hoy es de más o menos 4.570.000, así que lo mismo no estamos tan ''invadidos por inmigrantes'' si en vez de ganar más, hemos perdido 1.200.000 en 8 años.

En 2014 se hizo viral un vídeo del canal FortFastWTF en YouTube en el que preguntaban a jóvenes estudiantes de universidad preguntas de cultura general como ¿cuál es el primer nombre de Franco? , a lo que si mal no recuerdo una chica respondió algo del estilo de ''Diego''. ¿En qué siglo gobernó Juan Carlos I? , al cual pusieron algunos en un tiempo incluso anterior a los Borbones. ¿Cómo empezó la Segunda Guerra Mundial?, en la cual mejor ni les cuento las respuestas.

Un 66,9% de españoles aún se identifica como católico. En el siglo XXI más de la mitad prefiere creer en cuentos de hadas y en libros sagrados con cientos de pasajes machistas, racistas e intolerantes a afrontar la vida con racionalidad y pragmatismo. Oh, pero por supuesto, si bien la religión mencionada profesa cosas como no mentir, la abstinencia sexual hasta el matrimonio o el rechazo hacia pecados como el exceso y la lujuria, invito a alguien a salir un sábado por la noche en cualquier ciudad universitaria española, y a darse cuenta de que si miramos eso, y lo comparamos con las cifras, somos unos absolutos hipócritas hasta para creer en el dios de la Biblia.

Estamos en el 15º puesto entre las economías mundiales, sin apenas un crecimiento significativo en el PIB en los últimos 10 años, 38º en educación, 16º en tolerancia y libertad y 24º en un ranking de países más ignorantes. Nos salva ser 7º en mejores sistemas de sanidad... si no fuera porque ha bajado un par de puestos en los últimos tiempos. Lo único en lo que entramos en el top 3 es que somos el 2º país con más fosas comunes del mundo, solo por detrás de la sanguinaria Camboya de los Jemeres Rojos. Y puede que alguien piense que tampoco está tan mal, pero es que el caso es que estamos por detrás de prácticamente todos nuestros vecinos europeos. Lo siento si no soy tan autocomplaciente como para compararnos con países en los que desgraciadamente hay hasta hambrunas y decir: ''¡hey! nosotros estamos mejor en comparación''.

Sé que duele. Es como llevar años en una relación que no funciona y seguir diciendo que nada tiene que cambiar, que solo es una mala época. No estamos bien. No somos un país tan maravilloso, ni las cosas van tan viento en popa como pensamos. Si un alien, totalmente ajeno no solo a España, sino a la raza humana, y por tanto imparcial  viniera a la Tierra y viera estos estudios, diría: España es un país ignorante, prejuicioso y sin mucha gente dispuesto a cambiarlo. Pero de nuevo añado, la decisión es nuestra, y sí se puede cambiar. Pero no hay nada que solucionar si primero no somos humildes y aceptamos que tenemos un problema. El orgullo nacional es tóxico cuando no hay nada de lo que estar orgulloso.

Porque lo único más aterrador que pensar que España no tiene un gobierno igual de bueno que sus ciudadanos, es darse cuenta de que, sí, sí que lo tenemos.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Vox... ¿populi?

La frustración es un sentimiento muy poderoso. Hay cientos y cientos de poemas, libros, películas e historias hablando del poder de sentimientos como el odio, el amor, la amistad... pero no tantos acerca de la frustración. Debe de ser porque es menos ''elegante''. Pero lo cierto es que, en muchas ocasiones, no hay nada más peligroso que alguien frustrado de verdad. Es una emoción que empuja a ponerse a la defensiva. La clase de defensa de alguien que se siente tan acorralado que no tiene nada que perder. O al menos eso se cree.

Si una sola persona frustrada puede ser preocupante, ¿cómo de peligroso puede ser un país en el que la mitad de su población lo está?

El Mundo Occidental, especialmente Europa, no se ha sentido tan inquieto desde el final de la Guerra Fría: crisis económica, terrorismo, refugiados viniendo desde sus países escapando de guerras brutales, tensiones diplomáticas con Rusia por la invasión de Crimea, la competición comercial que se sostiene con gigantes asiáticos como China...  Para el hombre común, parece que los problemas no hacen más que crecer, y nadie parece estar haciendo nada para solucionarlos. No me malinterpreten, aunque suena catastrófico, lo cierto es que el mundo no va a estallar, pero sí que está revuelto.
Sin embargo, es en tiempos difíciles cuando los listos y los avispados encuentran la oportunidad de presentarse como salvadores ofreciendo soluciones fáciles a problemas increíblemente complejos.

Resultado de imagen de marine le pen, amanecer dorado

Una ola de partidos políticos extremistas arrasó las costas de la política europea, elección tras elección. En Italia, La Liga de Mateo Salvini se colocó en una posición lo suficientemente fuerte como para hacerle Ministro de Interior. En Alemania, AfD, un partido con similitudes ideológicas a los nazis (ya de entrada, no tienen empacho en suavizar los horrores del Holocausto), obtuvo más de 90 escaños en el Bundestag, y es el mayor partido de la oposición. En Francia, Marine le Pen, del Frente Nacional, la cual es heredera de una dinastía política y personalmente bastante deplorable, llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de dicho país. En Grecia, Amanecer Dorado, un partido abiertamente nazi, con esvástica psicodélica y todo para completar el dantesco cuadro, tiene 15 escaños. Polonia, Suecia, Hungría, Austria, Países Bajos... Los casos se multiplican.

Por eso no me sorprendió demasiado cuando la semana pasada, en las elecciones regionales en Andalucía, el partido de extrema derecha Vox obtuvo 12 escaños. Si me pillaran en un día muy, muy optimista, casi diría que me siento orgulloso de que en España nos hayamos resistido tanto tiempo a los encantos de la derecha y la izquierda más rancia.

Podría tirarme más de 20 páginas de Word diciendo por qué si bien al leer el programa electoral de dicho partido no parece muy descabellado, ninguna de las medidas que proponen para alcanzar sus ''maravillosos'' objetivos puede funcionar. Podría también ligar, como he hecho antes, la precaria situación educativa de España al hecho de que planes tan pobremente preparados tengan sentido para un numero sustancial de votantes. O podría también indicar cómo el hecho de que en su página web mantengan que ''España salvó a Europa del Islam'' no sólo parece sacado de Antonio Recio, el de ''La que se avecina'', sino que es históricamente... tirando a incorrecto. El avance islámico que conquistó la Península fue detenido mucho antes de La Reconquista en Poitiers por los francos, aparte de que, Islam o sin él, Al-Ándalus fue un reino rico en objetos y en cultura, bastante más religiosamente tolerante que la España de los Reyes Católicos, por ejemplo. Es lo que tiene sacar la información de libros y fuentes pragmáticas, en vez de sacarlo del Ministerio Nacional de ''He oído'' y ''Me parece''.

Pero no voy a hacer eso hoy. Lo que quiero en esta entrada es señalar lo que veo como un problemilla con la sociedad española que va mucho más allá del triunfo de Vox: la comodidad y vaguería democrática española.

En todos estos países hay intolerantes, racistas, xenófobos, fascistas... llamémoslo X, pero nunca son un número lo suficientemente alto como para ganar unas elecciones. Dicho ésto, ¿por qué entonces parte de votantes independientes y no tan independientes deciden votar a estos ''candidatos de Frankenstein''? Pues porque en todos estos países hay un alto índice de desconfianza en las instituciones del Gobierno. En todos estos países hay un alto porcentaje de ciudadanos que tan solo ven promesas vacías, burocracia e inutilidad pura en las organizaciones que deberían representarlos y proteger sus intereses. Hay veces que es difícil tratar de convencer a personas, algunas con hijos, que llevan años sin trabajar y en una situación tirando a precaria que se está trabajando por ellos, que tan solo han de ser pacientes. Esta frustración lleva a querer lanzar un ''cóctel molotov'' (metafórico, espero) contra todas esas instituciones que les han fallado una, y otra, y otra vez. Y ese no es un sentimiento ajeno para la España de hoy, en la que de acorde al CIS en 2016, el nivel de satisfacción con la democracia y las instituciones era de 4,54/10. Y eso era antes del apogeo del conflicto catalán y de la moción de censura contra Mariano Rajoy. España también está harta de su propio sistema. Y dado que no hay mejor ''cóctel molotov'' que los candidatos extremistas, España encontró el suyo en el Vox de Santiago Abascal.

Resultado de imagen de vox

Pero lo cierto es que, ni ésta era la única manera de mostrar frustración, ni un acto así es simplemente una manera inocente libre de consecuencias a largo plazo con la que podemos protestar.

Mientras otros países tomaban medidas drásticas contra la precariedad y los banqueros y accionistas cuya irresponsabilidad nos llevó a las crisis económica de 2008, todo en respuesta a las protestas masivas que tomaban lugar en sus calles, los españoles se manifestaron poco, tarde, y no en los mismos números. Mientras recorte tras recorte tomaba lugar, eviscerando las instituciones públicas de la sanidad y la educación, una vez más, fallamos en comparación a otros países a la hora de, justamente, poner el grito en el cielo. Cuando leyes que atacaban la libertad de expresión fueron aprobadas, más de lo mismo, al igual que cuando se descubría que parece ser que no hay político libre de corrupción en nuestro país. No me malinterpreten, sí que hubo protestas, pero no fueron tan multitudinarias como debieran haber sido. ¿Por qué? Porque un gran número de españoles prefiere quedarse cómodo en casa en esos momentos, quejándose enfrente del televisor o de la barra del bar en vez de en las calles. Eso sí, cuando, como dicen los anglosajones, ''la mier** llegó hasta el ventilador'', fue más fácil mandar a las instituciones a verdaderos demagogos con un gran abanico de políticas inviables. Políticos cuyas bravatas podrían afectar seriamente la vida y libertades de muchos de sus conciudadanos. Y todo para enviar un mensaje que podrían haber mandado de muchas otras maneras. Lo normal, vaya.

Y respecto a lo que he dicho de que estos actos tienen consecuencias a largo plazo muy nefastas, fijémonos en EE.UU. Concretamente, en Donald Trump, su presidente y persona que me gusta usar como ejemplo humano de todo lo que no se debe de ser y hacer en esta vida. Sólo un 18% de estadounidenses aprueban la labor del Congreso de acorde a Gallup Polling, y por eso en 2016, frente a Clinton, una candidata con experiencia que veían como representante de la élite de Washington D.C., decidieron elegir a un hombre de negocios polémico y sin experiencia de gobierno, del mismo corte que todos los políticos anteriormente mencionados, como Comandante en Jefe. ¿Resultados? Una guerra comercial totalmente innecesaria con China, un TRILLÓN de dólares más en la deuda nacional, una división de proporciones bíblicas nunca vista entre progresistas y conservadores, y lo peor de todo, una posible crisis constitucional sin precedentes en la historia del país. Trump ha dinamitado la confianza de instituciones legendarias como la C.I.A., o el F.B.I. solo porque le llevan la contraria en algunas cosas. Ha incluso sugerido que va a desafiar abiertamente la ley cuando dijo que, en el caso de ser implicado en un caso de corrupción y conspiración contra su propio país, podría utilizar el poder del Perdón Presidencial para perdonarse sus propios delitos. Y lo peor es que no hay nada escrito explícitamente en la Constitución que le impida hacerlo, porque los padres fundadores de dicha nación jamás pensaron que semejante clase de individuo podría haber ostentado el cargo. Es la misma razón por la que si pones a un gato a conducir un camión, lo más seguro es que lo estrelle, ya que los fabricantes nunca pensaron que nadie pondría un gato al volante. Si creen que Trump no tiene nada que ver con, por ejemplo, Vox, les sugiero que lean ambos programas electorales y comparen.

Resultado de imagen de trump mueller

Resumiendo:

Esta clase de arriesgados movimientos de protesta electorales por parte de la ciudadanía española parecen, más que una legítima protesta contra las instituciones, una manera poco informada, perezosa y ''comodista'' de pronunciarse ante la clase gobernante. Porque si hay una ley que no nos molesta en absoluto, es la Ley del Mínimo Esfuerzo. De todas maneras, aún estamos a tiempo de no cometer el mismo error que otros países, y de protestar de cualquiera de las maneras que no amenazarían los mismos pilares sobre los que se sostiene un sistema. Porque en el fondo, los votantes tienen que preguntarse si cuando los políticos de los extremos hablan, lo hacen con su voz y comparten sus ideales. Si están dispuestos a darles las riendas del futuro de sus hijos, nietos, y conciudadanos.

Porque claro, cuando tiras un ''cóctel molotov'' al techo, puede que la casa se te caiga encima ardiendo.


lunes, 3 de diciembre de 2018

''Imbécilers''

En una época en el que las tecnologías han avanzado tanto en tan poco tiempo, es casi comprensivo encontrar tantos ''presagistas'' que tratan este avance como si del fin del mundo se tratara. Gente que parece que se toma como una ofensa personal el hecho de que los ''jóvenes'' desarrollen una parte de su vida y de sus relaciones sociales en la red. Normalmente, sus peroratas van impulsadas por la falacia (muy común, por cierto) de que todo tiempo pasado fue mejor. Y yo siento disentir.

Lo cierto es que en las redes sociales, bien sea Instagram, Twitter, Facebook o Youtube, no solo se pueden encontrar múltiples maneras de conectar con otra gente. También es en estos medios donde se han visto algunos de los mejores ejemplos modernos de creatividad, activismo y en general, varios proyectos que representan lo mejor del espíritu de una nueva generación. Yo mismo he aprendido, reído, y encontrado información antes de ser reportada por la prensa en cualquiera de esos sitios web. Si juzgáramos a las redes sociales sólo por esto, serían el reflejo de todas las razones positivas y optimistas con las que se impulsó la creación de Internet en los 90. Hay canales en Youtube como ''Biographics'', el cual se dedica a dar detalladas biografías de personajes históricos de todas las índoles. Otros como ''VisualPolitik'', el cual explica en términos fáciles de entender complejos asuntos socio-económicos y políticos de nuestro mundo actual. O ''Brave Wilderness'', en el que un protagonista afable de nombre Coyote Peterson viaja por todos los países del mundo vestido de aventurero buscando a los animales y las plantas más curiosas del planeta Tierra, todo para educar sobre ellos a sus espectadores. Incluso, mostrando un lado más tierno, ''Special Books By Special Kids'' se dedica a hacer pequeños reportajes de niños con algunas de las discapacidades físicas y mentales más graves que existen para, básicamente, mandar el mensaje de que son exactamente iguales que nosotros, y concienciarnos de lo importante que es para ellos que les hagamos sentir como tal. Estos tan solo son algunos ejemplos de entre los miles de canales de temáticas variadas que existen, desde deportes, hasta comedia, pasando por todo lo mencionado anteriormente
.
Sin embargo, como todo en esta vida, hasta de la mejor de las intenciones surge un lado oscuro. Por cada mente imaginativa que utilizó estos sitios para informar, entretener y crear, hubo otra que decidió extender la basura mediática habitual a estos nuevos medios.

Está realmente claro para aquel que es observador quién obtiene fama porque hace un buen trabajo, y quién finge trabajar para obtener fama. Y hay energúmenos sin talento que han decidido crear su carrera en la web alrededor de un único objetivo: el cotilleo, el farandulismo y el amarillismo más absoluto. Muchos youtubers, por ejemplo, encontraron en el oficio de juzgar y criticar la vida y carácter personal de la gente un absoluto filón de fama y atención, como ya hicieron en su día los productores de televisión. Un filón que no solo es increíblemente fácil de explotar, sino que también es rentable. Y de acorde a esta premisa, nacieron canales como ''Drama Alert'', del youtuber norteamericano Keemstar, un canal que se dedica exclusivamente a causar conflicto entre otros creadores de contenido, exponer aspectos personales de su vida mediante métodos moralmente dudosos y ser fuente de cizaña sin fin en general. Podría poner mil ejemplos al otro lado del charco de payasos libres de cualquier cualidad destacable, arrogantes e irrespetuosos, pero ese no es mi objetivo hoy. Por desgracia, tampoco es mi objetivo ofrecer una perspectiva más positiva, sino más bien demostrar que esto está lejos de ser un fenómeno extranjero...

Resultado de imagen de dalas review

Daniel José Santomé Lemus es conocido en la red por el nombre de Dalas, y saltó a la fama por su canal en YouTube, llamado ''Dalas Review''. Su canal al principio se dedicaba a vídeos de él mismo jugando y comentando videojuegos. Con eso, no tengo ningún problema, pero como he dicho, aquellos que no tienen talento para crear algo propio, pero que desesperadamente desean destacar, pronto deciden probar métodos menos ortodoxos. Fue este momento en el que este individuo empezó a cambiar la temática de sus vídeos, y dejó de jugar videojuegos como atracción principal, y pasó a construir un canal a base de ridiculizar y criticar a varios usuarios en diversas plataformas de Internet, ora por apariencia física, ora porque el contenido de lo que otros hacían no era de su agrado u ora porque simplemente, hey, a alguien hay que ridiculizar hoy, las facturas no se pagan solas.

Reírse de uno mismo es sano, y la crítica satírica es una de las herramientas más efectivas del registro cómico, siempre que se haga con buen gusto y sin caer en mera falta de respeto y vulgaridad gratuita, que es lo que este hombre, como se puede advertir con tan sólo ver uno de sus vídeos, hace: ser vulgar. ''Puta'', ''guarra'', ''retrasado''... son algunos de los epítetos más creativos que este lumbreras es capaz de crear. ¿Y qué? pensará quien me lea. De cretinos está el mundo lleno. Basta con ignorarle. Bueno... cierto, pero el problema es que este comportamiento tan sólo sería el preludio a una serie de incidentes mucho más oscuros...

Desde el comienzo del cambio temático en su canal, hay un patrón que parece evidente: las mujeres, a veces menores de edad, son el blanco predilecto de sus críticas troglodíticas. Déjenme poner un par de títulos de algunos de sus vídeos que realmente dan una pista de a lo que me refiero: ''Niñatas que me quieren follar pero me odian'', ''Si eres hombre hetero ella te odia'', ''Niñata de 14 años enseña las tetas con excusa''. Esto son solo tres ejemplos de una caterva de vídeos asquerosos que inundan el canal de este señor, por lo que no cayó para sorpresa de ninguno de sus detractores que en 2016 fuera denunciado por violencia de género por sus dos exparejas, las cuales son independientemente de su relación con el, otras dos youtubers existosas. 
A raíz de ésto, un número significativo de no menos de otras 6 mujeres, desde personalidades de YouTube menos conocidas hasta simples fans de Dalas contaron, aportando varias de ellas pruebas fotográficas, historias de acoso, coacción y conducta inapropiada por parte del famoso creador de contenido. El hecho de que varias de ellas fueran menores no echó para atrás al youtuber a la ahora de amenazarlas y exigirles fotos de desnudo.

Lejos de mostrarse avergonzado, este joven mostró un ejemplo de sociopatía pocas veces visto en cámara. Llegó lo suficientemente lejos como para crear un vídeo falso en el cual mostraba unos ''matones'' enviados por otro youtuber (que es la actual pareja de una de sus exnovias) para tirarle palos y piedras a su casa. Al demostrarse que el vídeo era falso, se excusó diciendo que era un ''experimento social'' (lo cual es la excusa que la gente de ahora da cuando hace una estupidez como un castillo y no quiere admitirlo). Ahora, en 2018, desde el proceso judicial contra él por abuso de menores comenzó, ha realizado varios vídeos mostrándose altivo e incluso burlándose de dicho proceso, el cual es llevado a cabo por la Audiencia Provincial de Madrid, nada menos. Cuando fue a declarar, alegó que ésto no era nada más que una vil conspiración llevado a cabo por sus exparejas. Algo nada sorprendente por parte un tipo de persona tan absorbida por su propio ego que, cuando escribió su primer libro (el cual, por cierto, tiene una puntuación de 2,5/5 en Amazon, con unas críticas feroces), decidió dedicárselo a sí mismo en un grandilocuente discurso.

Cabe preguntarse, ¿quién sigue a semejante tristeza de ser humano? Bien, la respuesta es sorprendente. ¿Recuerdan los canales que mencioné al principio de este artículo? Tres de ellos juntos no hacen ni la mitad de los 8,4 millones de suscriptores del canal ''Dalas Review'', los cuales principalmente son jóvenes de todo el amplio abanico de países hispanohablantes (La excepción es ''Brave Wilderness'', el canal educativo sobre animales, el cual tiene 13 millones. Quizá haya esperanza). 8,4 millones de personas que ven en esta triste parodia de un ser humano un ídolo y un ejemplo a seguir. 8,4 millones de suscriptores jóvenes que ven cada día a este bufón burlarse cruelmente de la justicia, de sus denunciantes, y de gente de todas partes de Internet indiscriminadamente. Y no solo aplauden, sino que le defienden con pasión fanática. Una legión de fans que no dudó en ridiculizar, insultar, y tratar de someter en redes sociales a las mujeres que han decidido ponerse en esta dolorosa y complicada situación contando sus historias. Una clase de comportamiento que, si bien quizá venía con ellos antes de encontrar el canal de Dalas, es exactamente lo que han visto hacer con absoluto placer a su adorado youtuber durante años.

Qué lejos quedan los días en los que los gozaban de esta admiración, y de colas de gente esperando para verles en los eventos de sus giras eran verdaderos artistas, escritores y pensadores.

¿Qué hacemos mal para que la juventud, entre la que me incluyo, vea con tanto interés esta clase de circos con forma de persona? Porque, repito, este tan solo es un repulsivo ejemplo de un problema muy extendido.
Quizá sea el hecho de que España, por ejemplo, en el último estudio del World Economic Forum este en el puesto 38 en el ranking de educación, por detrás de Indonesia, Brunei, Costa Rica o Líbano y en el puesto 55 en educación primaria, por detrás de Rusia o Armenia. Siento sonar elitista, pero lo cierto es que donde hay una educación verdaderamente buena, que enseña a valorar el talento auténtico y el carácter personal de aquellos que lo poseen, no hay lugar para que gente así crezca tanto en popularidad.Quizá sea el fenómeno global por el cual la cultura ha enseñado a los más jóvenes a venerar la fama y la fortuna en sí misma, en vez de fijarse en los méritos por los cuales un individuo ha llegado a obtenerlas.
Sea como sea, hay un problema, y es un problema que afecta al juicio y criterio de los futuros líderes y ciudadanos de nuestras sociedades, y mientras no hagamos nada al respecto, cada vez habrá menos youtubers, y cada vez habrá más ''imbécilers''.

domingo, 18 de noviembre de 2018

La era de la Posverdad

¿Cómo debe sentirse uno si le dicen que vive en una época en la que la verdad (y por verdad, me refiero a LA VERDAD, con mayúsculas, como concepto) está muriendo? Bueno, cierto es que puede sonar alarmista, y muchos fruncirían el ceño con escepticismo y extrañeza si oyeran algo así. Yo mismo no hacía tanto que cuando me decían que el mero concepto de lo que es cierto y lo que no lo es se estaba difuminando, tendía a ser optimista al respecto, diciendo que no era para tanto.
¿Qué me ha hecho cambiar de opinión? Pues una sola palabra: Posverdad.

El concepto muchas veces es confundido con simplemente mentir, pero creo que eso es casi pintarlo de inocente. La posverdad es el proceso mediante el cual se distorsiona la verdad, incluso cuando esta es empíricamente comprobable, hasta el punto que tanto ella como cualquier otra versión falsa suenan igual de plausibles. En otras palabras: no es tanto mentir, como es allanar el camino para que la mentira y la verdad lleguen a ser indistinguibles. Y no, no es un modernismo precisamente, ni siquiera la palabra que lo define.


Se dice que fue en 2010 cuando por primera vez se mencionó la ''posverdad'' tal y como la conocemos actualmente. Algunos creen que fue el bloguero David Roberts quien lo hizo primero, mencionando la ''política de la posverdad'' en dicho año, pero eso no es cierto. Ya en 2004 Ralph Keyes escribió un libro titulado: The post-truth era: dishonesty and deception in contemporary life, y el periodista Eric Alterman criticó al presidente George W. Bush y su administración por los informes erróneos sobre armas de destrucción masiva que llevaron a la invasión de Iraq tras los atentados del 11 de Septiembre. Y es que no solo el término no es precisamente nuevo, la táctica, es tan vieja como el mundo. La diferencia es que nunca había sido tan efectiva, hasta el punto de que hoy día, la situación es ya dantesca.


Es imposible señalar un lugar y un tiempo en el que este proceso comenzara a ser tan peligroso, pero hay un evento que deslumbró y dejó perplejo al mundo entero, y que es un ejemplo claro como el cristal: las Elecciones Presidenciales de 2016 en los Estados Unidos.




A poco que alguien sepa de ello, es mencionar esas elecciones y automáticamente se conjura la imagen de un histriónico candidato... o ser humano, en general: Donald J. Trump.

Sin entrar en política, se puede decir que este hombre tiene una de las bases de votantes más leales que existen, y la ha conseguido a base de, entre otras cosas, mentir como si lo fueran a prohibir.
The Washington Post numeró en Septiembre de este año las mentiras contadas por el ahora presidente, y son 5000 (noticia mencionada aquí). 5000 en menos de dos años de mandato, y sin contar todas las que dijo en la campaña electoral. Esto puede plantear dos preguntas: uno, ¿y qué hay de nuevo en que un político mienta?, y dos, ¿cómo es capaz de mentir tanto, y mantener una base de votantes y fans tan dedicados?

La respuesta a lo primero, es que no, no hay nada de nuevo en que un político mienta. Lo que ha cambiado es la gravedad de la mentira, y las consecuencias que afrontan por contarla. Hace medio siglo, en ese mismo país, un mentira pequeña podía costarte tu puesto y tu honor, y eran mentiras políticas típicas: ''no, no soy culpable de este escándalo (aunque en realidad lo sea)'', e intentos de mentir ligeramente para criticar a tu rival o convencer a tus votantes. Esta gente de ahora, son capaces de decirte que el cielo es rojo, decir que eres imbécil por creer que es azul, convencer a varia gente de que es como ellos dicen y salir del asunto de rositas, sin repercusiones. Ese es el nuevo problema .

La respuesta a lo segundo es precisamente la raíz del problema. Trump, a ojos de la mayoría de sus conciudadanos, no miente, porque antes de decir todo lo que lo hizo famoso por todas las razones equivocadas, en Estados Unidos comenzó a popularizarse la posverdad, y el concepto en sí de lo que era verdad se destruyó para casi la mitad de su población. Donald Trump está lejos de ser la causa de esto ( el origen es mucho más complejo, y se pueden llegar a señalar culpables notorios como las redes sociales, pero eso es harina de otro costal para otro día), pero fue el catalizador perfecto. Mucha gente en situaciones difíciles personal y económicamente se sentían cada vez más fuera de lugar en un mundo cambiante y que, a su parecer, estaba montado en su contra. Un mundo de información siempre cambiante, en el cual entidades como internet, que si bien es muy positivo para algunas cosas, es muy negativo para otras, contribuyeron a que todo el mundo, a veces incluso la gente menos indicada para ello, pudiera aportar su 'granito de arena' a ese torrente de información.

No se necesitaba tener credenciales o buen material de investigación para ser una figura de autoridad en las ''noticias de la actualidad'', tan sólo necesitabas tener una voz, y por arte de magia el número de ''likes'' empezaron a ser las únicas credenciales necesarias, el buen material era aquel que la gente quería oír, cierto o no, y la verdad tomaba un tercer o distante quinto puesto en importancia a la hora de discutir los temas de actualidad que definen nuestras culturas. Las voces más altas y estúpidas dejaron de ser los hazmerreíres, y empezaron a ser los nuevos ''periodistas'', y la gente no tenía que esforzarse en aceptar la verdad o luchar por cambiarla, pues ahora podían elegirla, incluso si ésta contradecía datos de naturaleza matemática. Mientras los periódicos y medios tradicionales observaban impotentes como mientras sus ventas se resentían, esta nueva raza de vendehumos no hacían más que crecer. No vieron otra solución al problema que sensacionalizarse más con el fin de conseguir competir con ellos, y con el nacimiento de esa nueva ola de sensacionalismo, moría un poco más la objetividad.

Y en este ambiente, con un porcentaje importante de la gente prefiriendo inventarse una realidad a cambiar o aceptar la actual, y con la prensa más debilitada que nunca en su labor de correctores, Trump irrumpió en la escena política, diciendo que no eran la falta de regulación en Wall Street o la codicia corporativa la que estaba buscando la ruina a la clase media americana, sino que eran los inmigrantes, incluso cuando, por ejemplo, la inmigración mexicana a los Estados Unidos estaba en un bajo histórico. Que EE.UU. no llevaba una década de crecimiento económico continuo, como todos los datos sugieren, sino que América estaba peor que nunca. Llegó incluso a insinuar sin pruebas que el padre de un rival político, Ted Cruz, había matado a Kennedy (no, no es broma, noticia aquí). Y todos aquellos votantes que llevaban ya tiempo sumergidos en esa marea de desinformación y de conjeturas disfrazadas de certezas hicieron cola para escucharlo.

Pero el mejor ejemplo, es el del 'Birther Movement', un movimiento conspiranoico propulsado más que nadie por él, que trataba de convencer a la gente de que Barack Obama no era un presidente legítimo porque había nacido en Kenia, en vez de en suelo americano, cosa que no era cierta en lo más mínimo. Pero no solo convenció a miles de americanos ya predispuestos a odiar al presidente, sino que cuando él mismo llegó a ese cargo, negó jamás haber cuestionado a Obama aunque había vídeos y cientos de tweets suyos así como noticias y entrevistas, y en el giro de 180º más arriesgado que he visto en mucho tiempo, culpó de haber empezado el movimiento a Hillary Clinton, su rival en las elecciones presidenciales, ex-Secretaria de Estado de Obama y candidata del mismo partido que dicho presidente. Y cuando ésto ocurrió, todos sus seguidores asintieron y dijeron que por supuesto que había sido así.

Ese es el mundo en el que casi media población vive, o mejor dicho, escoge vivir, y para aquellos que piensan que es algo que ocurre solo al otro lado del Atlántico, deberían saber que todas las campañas exitosas de la ultraderecha xenófoba europea que han aflorado por el continente siguen este mismo procedimiento, del cual no se libra ni España. Las mentiras políticas en el viejo continente cada vez aumentan en magnitud, y con ellas, la impunidad y la desfachatez de los líderes que las cuentan. Incluso el Brexit, el mayor terremoto político-económico del siglo de los últimos años está basado en mentiras soportadas únicamente por una realidad muy distorsionada: Las mentiras del Brexit




Y así comienza una nueva era, la Era de la Posverdad, una era en la que no están en juego un par de trifulcas bélicas o ideológicas entre grupos o países, sino en la que están en juego el concepto en sí mismo de objetividad y verdad. Esta no es una batalla que nos podamos permitir perder. Podemos recuperarnos de perder una guerra o de sufrir una catástrofe, pero no sé si nos podemos recuperar de perder el concepto lo que es, y no es. La Era de la Posverdad ha comenzado, pero es hora de que nos demos cuenta de que tiene que terminar.